El amor es vocación a un amor orgánico.

El amor es encuentro de dos personas y se rige por las leyes de la vida.

Ley de crecimiento. Las personas viven sometidas a una realidad dinámica, en circunstancias concretas espacio-temporales. La vida crece lentamente, apurarla es destruirla. Necesito asimilar todo lo nuevo de tu persona y no encasillarte en una etiqueta La mujer está sometida con más fuerza a un ritmo orgánico cíclico, es preciso no exigir sino esperar y conquistar con amor y respeto; en su entrega sigue el proceso de una flor que se abre.

La unidad conyugal. Es necesario que los dos cónyuges caminen juntos y en la misma dirección fundamental, para crecer. En la donación mutua y el intercambio hay un ritmo que es preciso respetar. Si forzamos los ritmos personales habrá crisis. Sin embargo, detenerse es estancarse. Todo lo que no es construido entre los dos, no tiene solidez, si queremos cambiar ha de ser en acuerdo mutuo. El distanciamiento afectivo por la falta de comunicación es el germen de todo divorcio.

La confianza básica. El matrimonio se basa en la confianza y en la fe, no en el conocimiento del otro. Cuando hay confianza plena en el matrimonio, el silencio no significa fracaso, ni ha de ser fuente de problemas.

Pudor físico y espiritual. El sagrario del alma (la conciencia), es el último rincón que le pertenece a Dios. La apertura excesiva trae consecuencias de vaciamiento. En el matrimonio se debe respetar el pudor físico y espiritual. Es necesario dejar un espacio para el tú y respetarlo.

Espacios propios. La soledad relativa es necesaria en el matrimonio en ciertas ocasiones. Su fin es la interioridad y el recogimiento. Cuando la soledad absoluta se empieza a sentir se buscan compensaciones tales como la televisión, los deportes, el trabajo, cursos, etc.

Individualismo. El individualismo es exclusión egoísta, no seguir tu ritmo y no invitarte a seguir suavemente el mío.

 PRINCIPIOS DE COMUNICACIÓN.

  1. Comunicación y vida. Si no hay comunicación de la vida, no hay crecimiento de la vida. Como un árbol que comunica su savia desde la raíz a todas las ramas. El diálogo se distingue de la conversación porque es un encuentro amoroso y personal.
  2. Las formas del diálogo conyugal son cuatro: 1) Diálogo afectivo. 2) Espiritual. 3) Físico o sensible. 4) Sobrenatural.
  3. El diálogo afectivo: consiste en la caricia, que tiene un enorme significado, es regulador de la actitud. Es mediador durante toda la vida. Es un signo de valoración, protección y ternura ante la debilidad. La caricia dice con un gesto: yo quiero colmar tu soledad.
  4. El diálogo espiritual. Somos seres espirituales, el diálogo espiritual se produce cuando comunico mi yo personal, es expresión de encuentro y de descubrimiento mutuo. Hablamos de ti y de mí. De nuestras raíces, necesidades, sentimientos, expectativas y anhelos.
  5. Diálogo sobrenatural. Los seres humanos, somos de naturaleza abierta a los valores trascendentes. Es condición de crecimiento ilimitado. La condición del diálogo sobrenatural con Dios es la fe en Él. Es el espacio de más íntima unidad entre los esposos. La modalidad más cotidiana es la oración compartida: “La familia que ora unida, permanece unida.” El reposo total de uno en el otro solo es posible si hay un reposo de los dos en Dios.
  6. El diálogo físico. Se da a través de los cuidados elementales del cuerpo y la salud, la forma más importante es la relación sexual. Es necesario espiritualizar y personalizar este diálogo corpóreo, ya que puede tornarse posesión egoísta del otro y perder su dimensión de entrega generosa. La caricia ha de ser expresión de benevolencia. Cuando la relación sexual no es plena para ambos, se deteriora.
  7. Afectividad y sexualidad en la mujer. Para la mujer es imposible la relación sexual plenamente humana fuera de un ambiente de afectividad. Su insatisfacción afectiva y su tensión sexual se manifiesta en planos diferentes e imprevisibles que necesariamente afectan la relación.
  8. El diálogo en el plan de Dios. Dios puso en el placer de la relación sexual de los esposos un seguro de la más plena y estable comunicación y complementariedad. La caricia tiene un significado que va mucho más allá de lo puramente corpóreo: Significa amor, aceptación, valoración, apertura, respeto, cercanía, y no solo seducción para llegar al acto genital.
  9. La pérdida del diálogo. El origen de la pérdida del diálogo se encuentra en el exceso del trabajo, el cansancio, la “falta de tiempo”, la preocupación por los hijos. La carencia en cualquier tipo de diálogo genera una desarmonía en la vida conyugal. Para no caer en monólogos necesitan tener actividades comunes.

 PRINCIPIO DE TOTALIDAD.

  1. Aceptación integral e incondicional. Cada persona es un original, por eso se ha de aceptar al otro, tal y como es, con todas sus bondades y sus carencias. Dar nuestro ¡Sí! incondicional a la persona amada. Aceptar el sexo del otro con su originalidad, aceptar a su familia como una realidad inseparable, su cultura, sus convicciones, su religión, etc.
  2. Integración de todos los amores. Nada hay en la vida del cónyuge que pueda sernos indiferente. Nada hay en mi vida que yo no pueda integrar con mi cónyuge. Lo que no se puede integrar es atentado contra la unión y puede generar una especie de paralelismo, que tiende a desintegrar. Todo amor que sea incompatible con el amor a Dios debe desaparecer. Es preciso integrar todos los amores en el amor de Dios, único y personal.
  3. La paz barata. Error fatal es dejar pasar en la vida matrimonial, todo lo que puede ser causa de desunión. Las quejas y recriminaciones son peligrosas para el matrimonio.

VOCACIÓN AL AMOR FIEL.

El amor conyugal ha de ser puro, lozano y creador.

  1. Amor fiel es entrega total. El amor puro es entrega, es renunciar al egoísmo que instrumentaliza al otro para mi beneficio individualista de placer o comodidad. No es lo mismo, “Te necesito porque te amo” que “te amo porque te necesito”. Si vivimos el amor en función de nuestras necesidades, tendemos a cosificar al otro, en cambio, si lo vivimos en función de nuestra superabundancia, el otro es para mí una persona.
  2. Infantilismo es: no aceptar las maneras de ser propias del cónyuge, no
    superar los desengaños o desilusiones de la vida. La vida conyugal es el desafió de aprender a dar lo mejor de sí, más que recibir, es vencer la mezquindad con la magnanimidad.
  3. El amor o se alimenta o desaparece. Es contrario a la rutina o
    costumbre, que crece con la pérdida del respeto y de la admiración. El amor verdadero supone mi crecimiento constante para darte lo mejor, solo así se mantiene lozano. El amor conyugar, a diferencia del amor paternal o filial, está basado la conquista permanente.
  4. Fidelidad: significa despertar de forma creadora el amor del tú. Yo soy
    fiel cuando voy buscando nuevas expresiones de diálogo, cuando mi caricia es más significativa, más delicada y oportuna, cuando mi conversación es más oportuna. Las pruebas del tiempo son la rutina, la incomprensión o el desengaño y el ambiente exterior.

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