Introducción al tema
En Aquel tiempo dijo Jesús a la gente: Yo soy el pan de la vida. El que venga a mí, no tendrá hambre, y el que crea en mí, no tendrá nunca sed.
Cristo nos espera, porque quien camina hacia Él por la fe, nunca será rechazado.
En la actualidad, la sociedad maneja un ritmo vertiginoso en su día a día. Las tecnologías y los medios de comunicación nos han permitido obtener maravillosas bondades y comodidades que hacen de nuestras vidas algo placentero.
Sin embargo, con el abuso de las mismas; con las situaciones de salud que hemos presentado tales como la pandemia y el progresismo existente en la mentalidad de las nuevas generaciones, es un hecho que hemos perdido de enfoque cosas tan importantes y personas tan importantes que simplemente las desechamos sin saber cuanto perdemos al hacerlo.
Parte de nuestra modernidad positiva en los medios de comunicación, nos ha ayudado a indagar y profundizar mas nuestro conocimiento en la fe.
Los sitios web existentes acerca del cristianismo católico, redes sociales que se extienden hasta el alcance de nuestra mano a un clic con personas "influencers" tanto laicos como religiosos, ayudan a mejorar nuestro entendimiento de la fe. Pero desde el conocimiento ¿Cuánto hemos profundizado en seguir a Jesús? Somos una isla en la que sentimos un confort por la confianza que genera el conocimiento pero, ¿Y nuestra espiritualidad? Carecemos de alimento espiritual al sustituirla por la sola visualización de vídeos dejando de lado la comunidad. Hemos olvidado la realidad de que si bien somos islas, cada una no deja de ser parte del Cuerpo Místico de Cristo, que es su Iglesia.
Las primeras comunidades cristianas.
¿Conocemos lo que estas comunidades hacían para pertenecer en Cristo? La respuesta es sí, a través de la Palabra de Dios y documentos históricos podemos conocer como eran estas comundiades.
Vivían cada momento al lado de Jesús, presente físicamente en la Eucaristía. Hoy en día, existen grupos católicos que buscan vivir de esta misma manera, teniendo a Cristo presente en sus vidas de forma física a través de la misma Eucarístia, en la comunión y en las Horas Santas.
Porque es un deber, un deleite y una Gracia de Dios, el participar de su presencia viva en cada reunión espiritual.
Pero ya os lo he dicho: Me habéis visto y no creéis. Todo lo que me dé El Padre vendrá a mí, y al que venga a mí no lo echaré fuera; porque he bajado del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me ha enviado. Y esta es la voluntad del que me ha enviado; que no pierda nada de lo que Él me ha dado, sino que lo resucite el último día. Porque esta es la voluntad de mi Padre: que todo el que vea al Hijo y crea en Él, tenga vida eterna y que yo le resucite el último día
Jesús está presente ayer, hoy y siempre.
La familia y le instrucción recibida en el catecísmo católico, son complementos entre si, por medio de la que nuestra formación y amor cristiano nos debe acercar a Dios.
¿Hemos llevado a la practica dicha instrucción al acercarnos a la eucaristía? Somos católicos comprometidos o simplemente católicos superficiales que solo toman lo que nos agrada o se nos facilita.
Nada que valga la pena, es sencillo. Y el camino de vida eterna lleva a muchas situaciones que podría debilitar nuestra fe. Por ello, la vital importancia de asistir los domingos a misa, asistir a Jesús Eucaristía en las Horas Santas.
Esto no es algo propio de nuestros tiempos, basta recordar a los apostoles del camino a Emaús. No tenia mucho Jesús de haberles dicho que habría de pasar, y ya ellos se mostraban turbados, consternados porque su maestro había partido y bajo circunstancias tan penosas. (No olvidemos que la muerte de cruz, solo se destinaba como castigo a lo más bajo y ruín de la sociedad).
@gonza_catolico Jesús presente en nuestros días a través de la Eucaristía. #gonza_catolico #gonzalo_xs #catolicostiktok #catolicos #cristianos #iglesiacatolica #eucaristia ♬ sonido original - GonzaloXS
Aquel mismo día iban dos de ellos a un pueblo llamado Emaús, que distaba sesenta estadios de Jerusalén, y conversaban entre sí sobre todo lo que había pasado. Y sucedió que, mientras ellos conversaban y discutían, ...Ellos se pararon con aire entristecido..."¡Oh insensatos y tardos de corazón para creer todo lo que dijeron los profetas! ¿No era necesario que el Cristo padeciera eso y entrara así en su gloria?" ...Y sucedió que, cuando se puso a la mesa con ellos, tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo iba dando. Entonces se les abrieron los ojos y le reconocieron,...
Resaltamos en este texto, los siguientes puntos.
Conversaban entre sí sobre todo lo que había pasado.
- Como discípulos y misioneros de Cristo, podemos creer por fe, que le seguimos.
- Podemos entender hasta un punto terrenal la misión que tenemos de evangelizar.
- Pero nuestra propia naturaleza humana, sin la fuerza del Espíritu, nos puede extraviar en el camino. ¡Aún conociendo la verdad!
Ellos se pararon con aire entristecido.
- Al encontrarse con Jesús, no le reconocieron. Tal vez porque así lo quería Jesús. O tal vez porque se habían dejado agobiar por las situaciones que les rodean.
- Perdieron el punto de su misión y eso los hizo tambalear.
- ¿Cuantas veces hemos dejado de asistir a misa, o a la Hora Santa, por sentirnos cansados del trabajo o porque le damos prioridad a otras cosas bajo la premisa "Dios me entenderá"?
Y sucedió que cuando se puso la mesa con ellos, tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo iba dando.
- ¿Hasta cuándo fue que lo reconocieron como Jesús? ¡Si! En la fracción del pan, en la comunión; en la presencia viva de El Señor en la Eucaristía.
- Esta es la importancia de asistir a las misas, a las Horas Santas y a todo momento que requiramos de fortaleza. Cristo Jesús, está esperando por nosotros; cargar nuestras penas y fortalecernos en la fe.
Reconozco mi debilidad ¿Ahora qué?
Viene entonces donde los discípulos y los encuentra dormidos; y dice a Pedro: "¿Con qué no habéis podido velar una hora conmigo? Velad y orad para que no caigáis en tentación; que el espíritu esta pronto, pero la carne es debil"
Jesús nos ha pedido tan solo una hora para acompañarlo. ¿Sería posible que le entreguemos tan solo eso? Él se ha entregado por completo, más allá de recriminarnos, eligió amarnos. Un amor como el que nos demuestra, ¿No merece de nuestra parte una hora de nuestro día?
Puede ser imposible para el que no le ama. Puede ser difícil para el que le quiere o le estima; pero para el que ama a Jesús, más que contar el tiempo y mirar el techo y las paredes; espera que el tiempo se detenga.
Como comprender y comprometerse con ese amor, como vivirlo.
Si hacemos memoria y traemos a nosotros ese tiempo en que viviamos el noviazgo. Encontraremos que hacíamos muchas cosas por la novia o novio al grado que quizás situaciones que nos desagradaban al extremo, terminábamos por realizarlas sin el más mínimo dolor. Aceptabamos que había cosas que se debeían hacer con tal de ver a la otra persona feliz; esa era suficiente recompensa para uno. En el matrimonio, igualmente, tuvimos que realizar tal vez sacrificios para lograr el bienestar de nuestro cónyuge.
Ese amor, es el que requerimos para vivir la Hora Santa y la misa. Enamorarnos de Cristo, al grado de que cada hora nos duela que termine y deseemos que el tiempo no transcurra en su presencia para poder estar más tiempo con Él.
Nosotros somos la novia, somos su Iglesia. Cristo se brinda a sí mismo con tal de vernos felices, plenos. Pero como novia, debemos ser recíprocos; hagamos sentirle que ha valido la pena la espera en el sagrario.
Amemos a Cristo, ya sino como Él nos ama, por lo menos como sus discípulos; que si bien fueron imperfectos, buscaron siempre corresponderle a ese amor, aún cuando fallaron, tal como lo hacemos hoy nosotros. Rectifiquemos y busquemos ese encuentro con Él. Permitamos avivar nuestra relación de fe.
Hagamos el compromiso de por lo menos asistir. Demos ese primer paso, tal vez con pesadez y desgano, como quien se acerca al novio luego de un pleito sin sentido. Sabemos que hay amor, empecemos por acercarnos, Él hará el resto.

Ser como los novios, que por amor toman sacrificios para estar con la persona amada.
Crecimiento y madurez en el amor eucarístico.
Si aterrizamos esta actitud a cuestiones humanas puramente; es como un noviazgo en el que nosotros nos alejamos por una tontería. Quizás podríamos expresarlo como el que no me dijo que me quiere "como yo quería que me lo dijera". Tal vez yo esperaba que me demostrara su amor mediante un carro nuevo, un aumento de sueldo en el trabajo, unas vacaciones a ese sitio soñado.
Sin embargo, el novio (Cristo), se desvivió por darme dones y regalos aún más preciosos: Me dio salud, me obsequio un esposo o esposa comprensiva, me dio una familia, me permitió tener un espacio para conocerme mejor en la soledad y, sobre todo, me ha dejado decidir mi camino, pacientemente esperando ver que me acerque a Él, amándolo.
Viendo esto, ¿No es justo que le dedique tan solo una hora de mi día a Él? Hacerle notar que ha valido la pena su sacrificio, su silencio, su paciencia por mi.
Para muchos de nosotros es difícil comenzar este proceso de acercamiento, porque el mundo nos ha hecho duros, un corazón de piedra que solo volverá a ser de carne al reconocimiento y acercamiento con Dios.
Iniciemos tal vez un paso a la vez, acerquémonos a través de la oración. Una forma en que podemos introducirnos en la oración es mediante el rosario de la Divina Misericordia (coronilla de la misericordia).
Un segundo paso en el que ya entendidos en el compromiso del rezo, llevarlo a la meditación. Una manera de meditar la vida de Nuestro Señor (conocerlo) es de la mano de María a través de su santo Rosario.
Estos rezos, puedes encontrarlos en nuestro portal y con la guía para ir caminando de la mano en el proceso que nos lleve finalmente a vivir la misa y contemplar con todo el amor en su esplendor al lado de Nuestro Señor en el Santísimo y sus Horas Santas.



